jueves, 4 de abril de 2024
IV
viernes, 10 de noviembre de 2017
El efecto mariposa
Ella me sonrío tibiamente, me besó y se levantó de la cama sin decirme nada. Sin embargo ese beso fue concluyente, la rigidez de los labios y el impacto seco sobre mí frente hizo sentirme como un niño que distingue el aura de los demás, cuyo colores son evidente ante cualquier emoción y los de Marisa sin duda alguna eran opacos y deslucidos.
Ya no contenían ese brillo encatador. Me levanté y fui a la cocina, ella jugueteaba con la taza de café mientras fumaba un cigarrillo.
-No soy feliz. -dijo tajante.
No me sorprendió, esperé unos segundos creando un silencio tenso que enrarecía el ambiente de la cocina tanto como el humo del cigarrillo y luego dije:
-Bueno, no siempre se puede estar feliz, sólo hay momentos agradables y regocijantes en la vidas.
Marisa intentó esbozar una sonrisa e inmediatamente hizo una calada honda al cigarrillo y sin exhalar el humo con la voz entrecortada dijo:
-Eso me tranquiliza.
-¿Qué cosa?-pregunté.
-Estar atestada con la vida y aspirar a más que a sobrevivir.
Esperé nuevamente unos segundos y un sinfín de sentimientos me recorría el cuerpo y no tenía nada qué decir. Supe entonces que había seleccionado mal las palabras y que ya no sería maravilloso estar a su lado, como tampoco haría falta atesorar vivencias pasadas, ni mucho menos proyectar un futuro. Aunque en realidad, hacía ya muchos año que habían dejado de aletear las mariposas.
miércoles, 11 de enero de 2017
III
Me acuesto en la cama y ella enciende la lámpara
que está en la cabecera. ¡No puedo moverme! me da un beso en la frente y camina
hacia el baño. Se sienta sobre el borde de la bañera y sube su minifalda hasta
el comienzo de los muslos. Me gusta, me encanta y me marea. jueves, 24 de marzo de 2011
La casa del río
–Tal vez. –especulaba mientras boqueaba aire unos segundos.
Él me había llamado bajo un arrebato embrutecido de medianoche y me amenazó diciéndome que iría tras de mí. Yo preocupado, le avisé a Elisa sobre la conversación que mantuve con él y le insistí que me acompañara a la casa que tenía en Cuesta Blanca.
Un espasmo hace que mi respiración pese como si corriese una maratón, él me mira y tira su cigarrillo contra mi cara, se da vuelta dándome la espalda y camina hacia la puerta. Escucho levemente que arranca su auto cuadrado, uno de esos autos que no sé sabe sí es un utilitario, una camioneta, una rural o simplemente un auto. Escucho que lo acelera hasta que regula y un azote de puerta truena tenuemente. Percibo que entra a la casa otra vez, sus mocasines retumban más fuertes en mis oídos, están tan cerca que puedo olfatear la pasta “Cobra” negra de sus zapatos.
El estallido de un saco azabache sobre el suelo como si fuera un fajo de alfalfa, inunda mis pulmones de aire como un tsunami descarriado. Me vuelve a observar y no dice nada, noto que bajo el brazo lleva algo similar a una pelota grande dentro de una bolsa y avanza hacia la cocina, sin escrúpulos come todo lo que hay dentro de la heladera sin dejar de sujetar el morral ovalado.
Trato de gritar o pronunciar alguna palabra y no puedo, el aire no es suficiente. Quiero preguntarle por Elisa y el regusto en la boca no me deja. Entonces pienso en ella, en el día que se mudó al lado de casa y traía un vestido por encima de la falda con volados de satín color rojo, de su sonrisa fresca y sensual, de como yo desde la ventana la miraba y un sudor cálido me corría por la piel invadiéndome hasta el interior del cuerpo.
Él regresa de la cocina y me muestra el lomo de una botella verde partida en una mano y la bolsa en la otra, con las puntas vidriada corta las ataduras del saco azabache y el contenido se desploma emanando un aroma conocido, una fragancia que solía envolverme entre mis alocados y húmedos sueños, donde Elisa me ayudaba a olvidar las frustración, las mala tarde después del trabajo y por sobre todo, a sentirme atraído a ella.
Ahora, él se sienta en el sofá y fija la mirada en el contenido del costal.
–Tenía un cuerpo hermoso. –murmura y saca del bolsillo de la campera una petaca.
Bebiéndola se erige sollozando y toma el bulto, balancea el brazo hacia atrás dándole impulso y lo tira por la ventana hasta el río sucio. Se acerca a mí y sin soltar el morral impacta repetitivamente la punta de su mocasín sobre mi abdomen provocándome un dolor profundo como si una compactadota moliera mis huesos una y otra vez.
Luego de unos minutos, el jadeo constante de él le impide seguir impartiendo puntapiés contra mi abdomen, cansado y dolido por lo ocurrido lleva ambas manos a su cabeza y alisa su cabello para atrás. Inhala un poco de aire y me dice “esto te pasa por tú morbosa falta de ética” y arroja el contenido de la bolsa contra el piso. El parietal derecho de ella estaba hinchado como un conejo, sus ojos pardos eran descoloridos y sus labios carnosos tajeado y podridos, emanaban un olor fétido.
Acometido por la venganza, el esposo de Elisa se saca el anillo y lo arroja entre la cabeza y mi cuerpo, me sonríe y se retira silbando una canción para mí.
martes, 25 de enero de 2011
La decisión de ella
Ella lo había decidido. Incluso a pesar de tener algo jugando entre sus labios mientras intentaba quitarse el vello húmedo de la comisura de sus labios, lo había decidido. No tendría que andar a cuesta con un patovica como las chicas del teatro de revista. Tampoco necesitaría marcar el 101 desde su Blackberry ante la somanta de él; ni correr a casa a comer un pancho despilfarrado. ¡No!.
Ella decidiría cargar sobre sus hombros la mochila para peregrinar por los paisajes camperos de la vida, buscando un cultivador que tuviera ganas de desayunar juntos en la cama. Que riera y bajara hasta meterse entre sus piernas, exhalando su aliento sobre los carpelos deliciosos de su fuente de vida y de amor.
Por otra parte, para el “natalio” no había sido un mal día en el trabajo, había corrompido a un par de uniformados, a tres damas atractivas y a un cuidadoso desesperado.
–Al llegar a la casa, sólo quiso cambiar el juego y ser otro. Otro con su actitud, logrando un panorama nuevo, grato y terriblemente sensual para él. –dijo el sargento.
–En cambio, ella traía su estrés diurno y la cuesta abajo del sueldo miserable que le pagaban en el bar de Nueva Córdoba por limpiar el vomito de los borrachos. Teniendo que tratar de vez en cuando con algunos desquiciados que están buscando venganza, alguna redención, y otros, ambas cosas. –concluyó.
La mirada inclaudicable fijada hacia el cielo raso de la casa que la femenina conservaba, aterrorizaba a los muchachos. Ella mantenía trabada el maxilar con dureza, embadurnada con borrones de color vino tinto por todo su cuerpo desnudo, recorriéndole por su estómago, bajando por su piel, tenue y ligero, deleitable y real como un chirlo cobarde que justifica su patronato al igual que un almohadón.
El desengaño florecería arriba del futón. El “natalio” quería terminarle en su boca sabiendo que no le gustaba a ella. El agarrón violento que le hizo por la nuca empujándola hacia delante para que se atragante con su miembro, le ocasionó arcadas y un cierre automático de la mandíbula.
Sus cañonazos seminales se interrumpieron por un ahogamiento bucal.
–El grito monstruoso despertó al hijo que dormía en la habitación contigua. Se levantó y corrió al comedor, entró y observó la herida profunda del padre. Se asustó, ya que desde el muslo manaba mucha sangre esparciéndose por los almohadones del futón, y el niño también lloró. –presumió el sargento.
Luego, la femenina obligaría a su hijo a acostarse boca abajo para que se quedase quieto, le conversaría con la intención de que entendiera que no sería golpeado más, y que todo pasaría. Remató el sargento primero.
Tras treinta minutos de espera, la agente de la comisaría de la mujer llegó. Ella decidió escupir el glande de su boca atinando a decir que “en el clímax las personas nos desconectamos por unos segundos de nuestra conciencia”.
Aunque ella conciente, de reojo divisaba aliviada al “natalio” desvanecido, pidió ver al hijo un instante y abrazándolo le dijo:
–¡Termino la lucha! –, y agregó –no seas como tu padre, trata bien a las mujeres.
viernes, 1 de octubre de 2010
Steven no tiene un bolso negro en su placard, pero mi mujer sí
La cámara lo enfocaba de frente, Steven montado en su camioneta “Cadillac Escalade ESV” junto a su equipo de élite policial, monologaba con una escopeta en la mano y sin enfocar su mirar a la lente de la cámara. Desde otro ángulo, una segunda cámara divisaba a dos muchachos de color caminando por las calles de Louisiana, y éstos al ser interceptado por el "gordo" Seagal y su grupete de gorilas arrojaban un papel al suelo.El fundido de la imagen en negro dio inicio a la tanda publicitaria, me levanté de un envión de la cama y asenté los pies sobre el suelo, tomé de la mesita de luz el atado y encendí un cigarrillo ha espera de que comenzara el episodio siete de Steven Seagal Lawman por la televisión.
Estando sentado en el borde de la cama con el cigarrillo en mis labios, miré el bolso negro que se encontraba guardado en un rincón del placard, ella no me decía nada y yo notaba su mirada profunda e intranquila sobre mi nuca. Por el silencio y la rigidez que percibía detrás de mí, me daba cuenta que ella pensaba que armaría un escándalo si no veía lo que había dentro del bolso.
Sonreía ante la situación y recordaba, mientras el fulgor del televisor impactaba sobre el parietal derecho de mi cara, que la segunda vez que la vi a ella llevando el bolso negro de las manijas rellenadas de goma espuma, con la insignia de General Paz Juniors, fue cuando nos mudamos al departamento de bulevar Illia en el barrio de Nueva Córdoba. Pero la primera vez, fue cuando la conocí en el camping municipal de Mina Clavero un día de enero donde acampábamos en una carpa iglú con dos amigos, y ella junto a su familia aparcaban el motorhome al lado nuestro.
Había sido raro el encuentro, tuve que tocar la puerta de la caravana andante para pedir un poco de yerba mate, y cuando me abrieron observé que ella estaba transpirando y jadeando un poco, sus padres al parecer no se encontraban y ella parada al frente mío con el bolso negro en la mano derecha y la mano izquierda en el picaporte, me deslumbró, la miré de arriba abajo, tenía un pantalón corto rojo con el botón desprendido y la parte de arriba de la bikini color piel. Al subir la mirada hasta sus ojos, se me cayó el cigarrillo de la boca quemándome el dedo gordo del pié por contemplar tanta hermosura. Le pedí yerba, la invité a tomar un amargo y también, que se quedara la vida eterna a mí lado. Ella aceptó aferrándose a su bolso negro y luego de diez meses de romance decidimos vivir juntos.
Así, comenzaba la época del 8 “C” en Illia, un monoambiente de mierda que medía cuatro metros de largo por cuatro metro de ancho, además, la única ventana que conservaba el piso daba a una pared de concreto gris de un edificio colindante al nuestro. El paisaje del “orto” que amanecía todos los días al correr las cortinas, hizo que ubicáramos la cama debajo de la ventana para no mirar la pared gris de concreto al despertarnos. Entonces, decidimos cambiar el muro de las mañanas por la cocina grasienta y diminuta que se limpiaba solamente gracias a las lluvias torrenciales que se filtraban por la campana del extractor.
Pasaron dos años y no mudamos nuevamente, hasta ese momento nunca me había percatado que debajo de la cama, Marcela dejaba el bolso negro entre sus pantuflas y las cenizas amontonadas de los cigarrillos fumados por mí.
Alquilamos esta vez un departamento de dos ambiente en la calle 25 de Mayo de barrio General Paz, a unas pocas cuadras donde vivían los padres de Marcela. Desde la ventana las copas de los árboles eran verdes y no grises, los pájaros volaban atravesando el firmamento del cielo celeste y sus cagadas no se resbalaban por una pared de concreto gris y húmeda, sino que ahora se imprimían en las baldosas del balcón de casi un metro cuadrado adosada a la ventana.
Hago un pitada extensa dándole la espalda a ella y le digo –Sé qué seguramente me lo dijiste un montos de veces– exhalo el humo un momento y pregunto –¿pero realmente es importante lo que hay dentro?
Sin dejar de darle la espalda escucho que ella me contesta –¡Para mí sí! y vos sabes bien por qué– y agrega –te he contado un montón de veces que no aguanto las ganas d...
–Shhhh…! –atino a callarla con el dedo índice en la boca antes de que terminase la frase.
Seagal baja de la camioneta “Cadillac Escalade ESV” y detiene a los dos muchachos de color, los coloca contra el paredón de la cuadra y los interroga sobre el papel que acaban de tirar. Dos jóvenes oscuros en los “state” detenidos; como si fueran dos guachos caminando por las veredas de barrio Oña y porque no, como dos orientales que pataconéan por la acera de Seúl o dos turcos deslizándose por las callejuelas de Estambul. En fin, los formatos “realitys” de poli son todos iguales, pienso.
Marcela se levanta de la cama y distingo que su silueta cruza entre el televisor y mi cuerpo flácido sin dureza alguna que se amalgamaba al colchón “Piero” de una plaza y medio. Dirigiéndose hacia el placar, escucho que saca algo y se mete rápido al baño.
Mientras tanto, los morochos intentaban explicar que no estaban haciendo nada malo y que sólo caminaban por el barrio; el “Lawman” dudando se desplazaba como media cuadra hacia el lugar en donde uno de los pibes habría tirado el papel.
La vibración y los gemidos que salían del baño me extrañaron, giré la cabeza en dirección al placard y divisé que en el rincón no se encontraba el bolso negro con la insignia de General Paz Juniors. Vuelvo la vista al televisor y veo que Steven levanta un papel de “Chiclets Adams” y putea por haberse equivocado con los jóvenes afroamericanos, él se disculpa y justifica su error haciendo un chiste a cámara donde sostiene que su vista lo traicionó porque no tuvo sexo la noche anterior con su secretaria, y riendo sube al “Cadillac Escalade ESV”.
La vibración y los gemidos se detienen y Marcela sale del baño traspirando y jadeando, no distingo el bolso en sus manos, pero supongo que lo dejó arriba del bidet para que yo lo viera cuando vaya a mear y así, al abrirlo y observar el contenido del bolso negro, me hiciese sentir culpable y menos hombre por no tenerlo a pila.
lunes, 2 de agosto de 2010
Hubiera querido saberlo antes (El tártaro)
La farsa glamorosa y melancólica que pesaba en el idealismo irónico y corrupto paterno, le denostaba asco. Ella, conocía la capacidad universal del alma, y también la vehemencia de la condición humana. Estoicamente, Carola, fue hasta el Olimpo en un día lluvioso, tardó algunos meses regresar a su casa y cobrar ahínco. Sus lágrimas se volvieron bronce y detuvieron el tiempo.
El patriarca, sin cambio alguno, se asemejaba a aquellos perros de la calle que han perdido el rastro y el sentido de guardián, convirtiéndose en un rabioso depredador de nenas que ostentan el perfume cándido, inocente y virginal. Así, limpiándose los mocos con el puño del pullover, Carola recordó que él mientras le hablaba, siempre la miraba con lujuria y le susurraba amenazas al oído, obligándola a satisfacer los instintos más macabros y desagradables.
Día y noche despotricaba contra el cielo por tanta misericordia permitida. Entre una de tantas pesadillas absurdas que atormentaba su ser, vislumbró la gota que colmo el vaso. Ella, se había enterado que su progenitor arriaba ovejas de jardín en jardín con su transporte escolar, sin que el periódico sobre la mesa y la televisión, lo denunciara.
La odisea cobró sentido diciéndose:
-Hubiera querido saberlo ante; sí lo hubiera visto, olido, palpado ó asimilado. Seguramente afuera no crecería un mundo pleno de perversión.
-Mi padre es una personalidad malvada y cruel. –se dijo con seguridad.
Tras ese pensar, fue hasta la cocina donde estaba él. Tomó una sábana del lavarropa y amarrándolo con un nudo en la garganta, le clavó el escalpelo en la nuca. El cuerpo se desplomó lentamente hasta quedar tendido sobre los mosaicos en nock out. Carola se refregó las manos en el pullover una vez, volvía a agarrar el escalpelo y con fuerza lo desclavó de la cabeza sufrida.
Quizás, por el interés en la mitología del señor de los infiernos, el cielo se le hizo visible en sus ojos, y con melodías de deseo preparó el brazo paterno mientras fileteaba la dermis muerto y exhumado.
lunes, 19 de julio de 2010
Carta de julio al viejo
¡Te acordás cundo íbamos!. Yo, le daba de comer a las palomas con las migajas de pan casero que horneaba Catalana todos los días a la cinco de la mañana y vos me enseñabas la grandeza del país. De como ese ecuestre general de mármol en el centro del ágora sorteó las dificultades de cruzar por el paso de Uspallata.
Aquí, en la vieja Europa la situación no esta nada bien, decidimos volver a la Argentina con una gran valija de recuerdo para que llevemos a Manual a la plaza y el olor de la tierra indígena nos abrace nuevamente con un guiso de garbanzo calentito.
martes, 1 de junio de 2010
El socio
La sensación agridulce bajo las flamas ardiente del viento norte, ondulaban en sus pupilas cansadas. Las cicatrices de la huida explotaban en sus entrañas. Aumentó su stress y se detuvo en una estación de servicio. Ingresó al baño, llevó el agua a su cara y del maletín saco la colonia aplicándosela en todo el cuerpo.
Salió del baño y subió al auto aún nervioso, sintió un mal invisible que lo observaba y arrancó, estaciono en la puerta de su casa y entró por la cocina donde se encontraba su mujer. El beso de ella fue tan cerca, que le pareció que exhalaba el gozoso vientre de Flavia. Cerró sus ojos y una brisa congelante le provoca un escalofrío por el cuello, no pudo más, se arrodillo y le confesó el engaño.
Aliviada y sin resentimiento, ella muda se dirigió a la mesada colindante con la heladera, se agacho y abrió las puertas plegadizas, gesticulando con sus brazos asemejándose al aleteo de las mariposas, hizo que Jorge saliera. Él, se levantó, sacudió el pantalón, se puso el saco y se retiró de la cocina con un: “nos vemos mañana, socio”.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Protesta II
Adelante, el cordón policial no dejaría avanzar a la columna. Enfrentarse al enemigo que devoraba los corazones de jovencitas y don nadies solitarios, fue irremediable.
El ansia, las gomas y los bastones culminaron con una estresante y salvaje sociedad urbana. Y como siempre, no se consiguió nada.
viernes, 9 de abril de 2010
A veces
Crucé las piernas y el plástico de la silla crujió. Incapaz de controlar el sentimiento de culpabilidad de conciencia me pregunté si alguien más creería que él tuviese la capacidad de seguir con sus labores diarias de representarme, ya que sus contactos, amigos y compañeros a veces se encontraban en el obituario del diario.
La brisa fresca ahora me hacía tiritar, pensé que él ya había hecho su trabajo y que tenía que volver a ser sólo mi papá otra vez y dejarme compilar y repasar los documentos literarios con otros colegas. Siempre me acompañó con su pluma incondicional y atrevida que ni la izquierda quiso leer.
Sin embargo, ya era hora de un principio a fin. A veces el amor es un estremecimiento extravagante de odio y delicia en un cerrar de ojos que de repente con arrugas y canas cambia de color; y se escriben con lágrimas que acompañan nuestros sueños.
Del otro lado de la puerta a veces escuchaba una sonrisita ventrílocuo parlante. El frío que me envolvía por todo el cuerpo hizo que el bostezo tensara mis músculos y pesara más que de costumbre, el chirrido de la silla confirmo la quebradura del plástico y de culo pasé al suelo. ¡La puta!, a veces no recuerdo que aún sabe como cambiar la cerradura.
martes, 6 de abril de 2010
Search media!
Los jueces delimitaron toda sensualidad estilística en la intersección de la ruta 11 entre Camilo Aldao y Corral de Bustos. La normalidad de los exponentes más fuertes y precisos se situaron al filo del risco más bajo, pero sí bien, no estuvieron certificados, el corazón estoico de un árbol creció más tangible.
jueves, 28 de enero de 2010
Que no d'amor!
Es mentira desamparada con pena y dolor a punto de partir al puerto africano de Mombasa, historias de armas y libros. Mujeres atropelladas por gente destinada a la rapidez.
Llevó ladrillos en un tonel y en horas miserables hurgó su corazón mientras, ella, absorbió a un joven conductor!.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Natalina López!
Siempre entre gatillo fácil, detenciones arbitrarias y torturas carcelarias, ella tejía bufandas urbanas sin agujas mientras fumaba.
Risueña y altiva se convertía en carmelita descalza sí se lo proponían, pero sólo en hoteles de principios de siglo y si la paga era buena.
No viajaba hacia ninguna parte, aún que, con palabras recorría castillos de arena, balnearios municipales y montañas incendiadas.
Sin sombra se quedaba y una campanas de dolor en el pecho, acostumbrada a callar y obedecer cuando la sirena suena!.
sábado, 24 de octubre de 2009
Mortis insustancial!
-aparentemente tenía problemas de visión- pensó.
La partícula sudorosa sobre el cristal quebrado se mezclo con un cierto fluido muy oscuro y espeso, vertido al parecer por un automóvil destrozado en la vera del camino, la gama compuesta gravitó y cambió constantemente al igual que una aguafuerte chirriante.
El azote infernal del sol por la mañana no le permitió levantar la mirada hacia algún otro lugar. -Quizás sea por una mala experiencia personal- pensó. El hecho de que no hubiese otra homo sapiens en su campo visual lo inquietó de sobremanera, no entendió que hacía ese viejo tirado.
Al absorber y llenar sus pulmones con el ambiente crítico, advirtió que paradójicamente no sintió olor alguno. -Toda materia orgánica no vital se desvanece en el aire- repasó, al mismo tiempo que miró sus manos encontrándolas plegadas sin excepción, la sorpresa fue contundente, la vejez putrefacta de él, lo hizo recapitular sobre su llegada al lugar, el parecido longevo del cuerpo reposado lo estremeció.
-¿Qué es esto?, se preguntó chillando entrecortadamente.
-Es una broma, un sueño esfumado!- impávido clamó, mientras la manga ancha de su brazo derecho era tironeado por una virgen con cara de Marilyn Monroe. Oh! Marilyn, qué transcurso, que trayecto. El paisaje se volvió veneciano y el pobre vejestorio no salió en ningún anuncio de seguridad vial.
-Jajá, quién lo causó, no importa, embelléceme peligrosa Marilyn!- dijo, ningún titular lo mencionó.
sábado, 1 de agosto de 2009
Protesta!
¿Qué puede hacerse para evacuar los intestinos con mayor frecuencia? ¿Y sí, tomo laxantes, o será peligroso?, se preguntó silenciosamente el tuerto mientra mantenía la
El “escrache” no les había resultado como lo planearon, el Negro en la huida golpeó a un efectivo policial que cumplía adicionales en un banco de
Durante horas debieron permanecer allí, ya que la policía realizaba rastrillaje permanente por toda la zona. Mantenía en cautiverio a una anciana que vivía sola dentro de un departamento deteriorado y antiguo. La disfunción gástrica que padecía el Tuerto
La señora asustada intento explicarle que no tenía nada de valor en la casa, el Negro con nerviosismo le advirtió que no querían robar nada, si no esconderse hasta que la
El Negro, un militante pasional por los derechos humanos y desposeídos, le contó cuál había sido el problema. Relató que manifestaban por la democracia arrebatada de un país continental hermano y de como el imperialismo del norte manejaba la política de esa nación conflictiva, además también se manifestaba por la persecución, discriminación y represión que ejercían las fuerzas del orden estatal contra las minorías en la ciudad.
Expuso los conflicto del el orden social que generaba el capitalismo y el cambio social
Tres efectivos policiales ingresaron ordenando que se tiraran al suelo con las manos en la cabeza, arrinconaron a los militantes contra una esquina y les emprendieron a punta de pie sobre sus cabezas, sangraron por boca y nariz al mismo tiempo que eran arrastrados por el suelo. Una vez afuera los depositaron en un móvil policial hacia la alcaldía, el dolor estomacal continuó en aumento!.
jueves, 30 de julio de 2009
Despojados!
¿Y el amor?, los arrastro insólitamente hasta las costas de Gualeguaychú, allí una elegante mujer mayor quien, luego de quedarse viuda, les relato la crisis que le produjo la muerte de su marido, sumergiéndola en una pesadilla selvática, plagada de leyendas fugases permanentes.
Sin esperarlo, recordó, en algún café de Helsinki conspiraron contra la vida diaria de ella. Entre humo y capuchino la redención sentimental que le despertó los jóvenes a su corazón marchito de tristeza, fue de paz.
Al terminar su taza, se levantó, saludó y abordó un taxi hacía algún otro salón recreativo. La pareja, sin mediar palabra, juraron el sacrificio de amarse en un cosmos doloroso!.
jueves, 2 de julio de 2009
Son formas!
Tal vez, considerar acciones subversivas como beber, cantar, amar, viajar y pintar, cultivarían la inteligencia sentimental que flota al rededor de uno. Y no refugiarse en el exceso biológico masculino ascendente y descendente vicioso que atraviesa por mi mente con cada olor tuyo.
Ya es hora de cocinar y de bajar el consumo, interactuar y atravesar el ojo de la cerradura espásmica que me condensa, como siempre la realidad cambia minuto a minuto, pero esta vez con un aire renovado!.
viernes, 15 de mayo de 2009
Talante!
pitando con el café de la mañana,
no me copié nunca más nada por
timidez o inexperiencia.
Busco un rancho seguro de corazones olvidados
apuñalados a gustos por indefensas ilusiones,
coqueteo con el paraíso
mientras mandibuleo por las noches.
Esa rubia razón me prohíbe su néctar,
vuelvo el rostro deprimido y junto hastío,
mis dedos se queman por otro faso consumido,
"ese fue el último", me dije.
Entorpecido camino sobre pavimentos
de adoquines y hormigón
sin una puta novedad de vos,
entonces adjunto papeles sin raviol!.
lunes, 20 de abril de 2009
En este día y cada día!
Luego que escuchó por quince minutos el tic - tac, quedó hipnótico al sentir la frialdad del plomo. Cuando despertó sintió la suavidad esponjosa de la piel que ella siempre poseyó, la abrazo con fuerza y oyó un susurro, "te esperaba, luces hermoso"!.


